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Asociación cultural de Aikidô, arte marcial de origen japonés. Estamos en la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla.

Una Historia de Coraje

Existen numerosos ejemplos de coraje colectivo, si bien pocos como el valor demostrado por la tripulación del buque San Juan Nepomuceno en la famosa batalla naval de Trafalgar, inspirada por el ejemplo de su comandante don Cosme Damián Churruca y Elorza.

El 21 de octubre de 1805 se produjo el último gran combate naval protagonizado por barcos de vela de la historia, la batalla de Trafalgar. Se enfrentaron a pocas millas del cabo Trafalgar, en pleno golfo de Cádiz, las flotas combinadas de Francia y España contra la Royal Navy de Gran Bretaña, que obtuvo una resonante victoria con la que se aseguró el control de los mares para lo que quedaba de siglo XIX. Para la Armada Española supuso el fin de una de las épocas más gloriosas de su dilatada historia, iniciada más de medio siglo antes con el renacimiento de la Armada auspiciado por el Marqués de la Ensenada. En gran medida ese fin de una época estuvo marcado por la muerte de grandes marinos que eran al mismo tiempo hombres ilustrados, dignos hijos del siglo de las Luces, y que dirigieron los navíos españoles en la batalla. Cayeron entre otros el propio Cosme Churruca, Dionisio Alcalá-Galiano, Francisco Alcedo o el capitán general Federico Gravina, si bien este meses después de la batalla a resulta de sus heridas.

Dos días antes de la batalla, el 19 de octubre, la flota franco-española salía del puerto de Cádiz, con la flota británica a la espera. El almirante francés Villeneuve, al mando de la flota combinada, dio orden de zarpar pese a la oposición de sus aliados españoles, que preferían no hacerlo por entender que ello daba ventaja a la flota británica, debido a varios factores: se esperaba mal tiempo – efectivamente tras la batalla se desencadenó una fuerte tormenta que hizo que los buques más dañados se hundieran –, naves y tripulaciones del bando continental no estaban a punto, y los vientos del Oeste daban el barlovento a la flota británica, y con ello la iniciativa en el combate.

El San Juan Nepomuceno, comandado por Churruca, era un buque idóneo para ser destacado en misiones de observación o caza por sus excelentes condiciones marineras. De hecho, la historia de esta famosa batalla naval podría haber sido otra distinta si por órdenes directas de sus superiores Churruca no hubiera tenido que abandonar la caza de una fragata inglesa a la que estuvo a punto de apresar a finales de agosto de 1805. Según revela una carta del brigadier: “(…) Gravina particularizó la señal dirigiéndola al San Juan para que me retirase. Entonces no pude ya dispensarme de obedecer, y lo hice de malísima gana, no tanto por la presa que me quitaban, como porque yo quería ser el cebo de la escuadra inglesa, a fin de que por defender su fragata me atacasen, y empeñarla así con toda la nuestra” .

Una Historia de Coraje. Bandera del buque San Juan Nepomuceno, Batalla de Trafalgar :: Munen Do Aikido Sevilla

Bandera del buque San Juan Nepomuceno, Batalla de Trafalgar :: Munen Do Aikido Sevilla

El San Juan navegaba en vanguardia de la flota, hasta que Villeneuve decidió virar en redondo y poner nuevamente rumbo a Cádiz, maniobra que dejó la flota desordenada y con numerosos buques sotaventados (recibiendo el viento en contra del sentido de la marcha); las maniobras en esas circunstancias se hacían más difíciles, máxime cuando la mayoría de las tripulaciones no tenían experiencia, por lo que el propio Churruca habría manifestado a sus oficiales al divisar la orden de virar: “El almirante francés no conoce su oficio. La flota está perdida. Nos ha comprometido a todos” . Esta virada en redondo invirtió el orden de toda la flota y dejó al San Juan Nepomuceno como último buque de la retaguardia, lo que fue determinante para su destino final.

La audaz táctica de ataque en doble columna adoptada por Nelson, sumada a las ventajas de contar con el viento a favor y a la nefasta virada en redondo que alargó en exceso y desbarató la línea franco-española, decantó la batalla a favor de los ingleses. Los buques británicos podían atacar en grupo a los franceses y españoles, que a duras penas podían ayudarse entre sí. Esta táctica de ataque en grupo fue decisiva, rindiendo a numerosos navíos al concentrar en ellos uno a uno el fuego de varias naves inglesas. Por ejemplo, el Santísima Trinidad, el mayor navío de guerra de su tiempo y joya de la Armada española – 136 cañones en cuatro puentes –, fue rendido finalmente por el ataque combinado de hasta ocho barcos enemigos, que lo arrasaron dejándolo desarbolado y sin gobierno, y con más de trescientas bajas entre muertos y heridos.

Un grupo de navíos de la retaguardia pudo escapar de la encerrona británica y salvarse en Cádiz, liderados por el Príncipe de Asturias al mando del segundo almirante de la flota, el español Federico Gravina, pero no así el San Juan, que quedó copado por hasta seis enemigos que le impidieron unirse al grupo de escapados. A diferencia del Santísima Trinidad, que contaba con su enorme poder artillero y sus colosales dimensiones, el San Juan Nepomuceno era un navío de dos puentes y estaba armado con 74 cañones, lo que hace que su resistencia frente a seis navíos ingleses – uno de ellos de 98 cañones, el Dreadnought, que no se fue precisamente incólume, pues le contaron 79 cañonazos a ras de agua al entrar en el puerto de Gibraltar – pueda considerarse muy superior, convirtiendo el combate a bordo del navío de Churruca en uno de los más épicos de la historia naval.

El comandante ordenó clavar la bandera al mástil, dando a entender de este modo a su tripulación y al enemigo su determinación de no rendir el navío. Se trataba de una decisión tomada días antes de la batalla, como demuestra una carta en la que se incluían las siguientes proféticas palabras: “Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto” .

Churruca defendió el barco frente al ataque inglés iniciado a mediodía maniobrando con tal acierto y valor que despertó la admiración del enemigo. Con la primera andanada, consiguió desarbolar a uno de los tres primeros buques que se le echaron encima, que fueron el ya mencionado Dreadnought, el Achilles y el Defence, ambos de 74 cañones. A ellos se acabaron uniendo el Thunderer, el Bellerophon, también de 74 cañones, y el Tonnant, de 80. La heroica defensa se mantuvo hasta que el brigadier recibió un cañonazo que casi le seccionó una pierna de cuajo. En ese momento habría dicho: “Esto no es nada, prosiga el fuego” , prohibiendo a sus hombres rendir el navío, aunque a la postre la terrible herida acabaría haciéndole morir desangrado. Sus últimas palabras al parecer fueron dirigidas a su cuñado José Ruiz de Apodaca, guardiamarina a sus órdenes en el buque, para que le despidiera de su esposa, y tras encomendarse a Dios, habría expresado: “Estoy muy satisfecho de todos los oficiales, y de la guarnición y tripulación del barco” .

Esquema de la Batalla de Trafalgar :: Munen Do Aikido Sevilla

Esquema de la Batalla de Trafalgar :: Munen Do Aikido Sevilla

Su segundo, Francisco de Moyúa, tomó el mando al morir Churruca, si bien ya estaba gravemente herido y también acabó pereciendo en combate. El siguiente oficial al mando, el teniente de navío D. Joaquín Núñez, se rindió a los ingleses pasadas las cuatro de la tarde, cuando las bajas ya sumaban “de ciento a ciento y veinte muertos, y entre ciento setenta y cinco heridos, de estos los veintiocho mortalmente heridos (…)” según el primer piloto. La dotación completa del buque era de 702 tripulantes, por lo que el combate se cobró casi la mitad de la tripulación entre muertos y heridos. El barco se hallaba desarbolado y sin gobierno, inutilizados quince cañones, el costado de babor destrozado, y con varios balazos a ras de agua, por lo que los británicos hubieron de remolcarlo hasta Gibraltar. El San Juan y el San Ildefonso fueron los únicos buques apresados que no se hundieron en los días posteriores al combate.

Las hermosas palabras de Benito Pérez Galdós en su “Trafalgar”, si bien posiblemente apócrifas, reflejan el espíritu del valor derrochado en aquella jornada: “Rindióse el San Juan y cuando subieron a bordo los oficiales de los seis buques que lo habían destrozado, cada uno pretendía para sí el honor de recibir la espada del brigadier muerto. Todos decían: “Se ha rendido a mi navío” , y por un instante disputaron reclamando el honor de la victoria para uno u otro de los buques a que pertenecían. Quisieron que el comandante accidental del San Juan decidiera la cuestión, diciendo a cuál de los navíos ingleses se había rendido, y aquél respondió: “A todos, que a uno solo jamás se hubiera rendido el San Juan”.

Si existe una medida del coraje, la mejor es probablemente la admiración de un enemigo. A Churruca los ingleses lo reconocieron hasta el punto de conservar su navío sin renombrarlo, llamándolo HMS San Juan, y utilizándolo como lugar de recepción de autoridades durante años tras el combate de Trafalgar, conmemorando al valiente comandante español con una placa con su nombre ante la que era costumbre que se descubriesen los visitantes del infortunado buque. La bandera que tanto costó a los ingleses hacer arriar fue devuelta a España en 1876 en una permuta de objetos históricos y se encuentra expuesta en el Museo del Ejército en Toledo.

Por parte española, una clase de destructores de la Armada construidos en los años 20 recibió el nombre de Churruca, y también es común que en la Armada haya un buque que ostente el nombre del valeroso brigadier caído en Trafalgar.

 
Francisco Trigo Romero
Profesor de Historia y Geografía en Enseñanza Secundaria
Vélez-Málaga, Málaga

5 Comentarios

  1. DEMASIADA CONSIDERACION SE TUVO CON LOS PRISIONEROS INGLESES AL PERMITIRLES REEMBARCAR CON SUS ARMAS PERSONALES, PUES ELLOS SI HUBIESE SIDO AL CONTRARIO NOS HABRIAN PASADO POR LAS ARMAS…POR OTRA PARTE DE HABER TENIDO EL MANDO DE LA FLOTA COMBINADA HISPANO-FRANCESA UN MARINO EXPERIMENTADO COMO CHURRUCA EL FINAL DE LA BATALLA NO HABRIA SIDO EL MISMO, DE ESO SEGURO. Y EN OTRO ORDEN DE COSAS, LO QUE NOS PASA, ES QUE NO SABEMOS ENSALZAR NUESTRAS VICTORIAS; AHI TENEMOS LA PALIZA QUE LES DIO “BLAS DE LEZO” A TODOS ESTOS CORSARIOS EN CARTAGENA DE INDIAS, Y MIENTRAS EN INGLATERRA SE PROHIBIO HABLAR DE ESTA DERROTA QUE TUVIERON LOS INGLESES (FUE EQUIPARABLE A TRAFALGAR, PERO A FAVOR DE LOS ESPAÑOLES) EN ESPAÑA PRACTICAMENTE CAYO EN EL OLVIDO.

  2. España, tierra de Santos y de héroes. Es un gran orgullo ser Español. ¡¡VIVA ESPAÑA!!
    y a nuestros caídos ¡¡PRESENTES!!

  3. Ante todo, gracias Francisco y Miguel por vuestros comentarios.

    Efectivamente, Francisco, coincido contigo en valorar la derrota de Nelson en Santa Cruz como el principal de sus escasos reveses, pero hay que tener en cuenta que, generalmente, nada tiene que ver un desembarco con una acción en el mar, como pudo comprobar Nelson en el episodio que resumes. Por cierto, si visito Tenerife, no me pienso perder el museo que mencionas.

    Miguel, el orgullo por nuestros héroes es lo que hizo que escribiera el artículo en el blog. No creo que nadie sienta vergüenza por una batalla perdida pero en la que España se dejó lo mejor, literalmente, de lo que tenía. Si algo ha demostrado Trafalgar, por otra parte, es que los británicos saben hacer autopropaganda como ninguna otra nación, pero eso no significa que los españoles nos avergoncemos de esa derrota. Tal vez los franceses tengan más motivos de vergüenza, especialmente por la actitud de Dumanoir, pero incluso teniendo ese caso en cuenta, y los errores de Villeneuve, hay que reconocer que los británicos supieron jugar mejor sus bazas, o si lo prefieres, se equivocaron menos.

    Saludos cordiales.

  4. Nuestro problema es que sentimos vergüenza de las derrotas, en lugar de sentir orgullo de nuestros héroes. tampoco hemos sido muy listos en elegir compañeros de viaje, pero así es como somos, y salvo que nos cambie la mentalidad, tendremos que aprender a conocernos y aceptarnos

  5. No cabe la más mínima duda de que Lord Horatio Nelson fue un gran marino y un gran militar que se cubrió de gloria con las dos victorias que permitieron la gestación del Imperio Británico de la Reina Victoria: Abukir y Trafalgar. Pero quiero hacer resaltar que Lord Horatio Nelson no fue invencible. En 1797, intentó desembarcar en Santa Cruz de Tenerife para robar los Impuestos Reales de Filipinas como primordial misión, y la rendición de la plaza como 2ª misión. Fracasó en ambas. Intentaron 2 desembarcos nocturnos y simultáneos en el que se les hundió un barco a cañonazos, y uno de los grupos de desembarco fue rechazado en el muelle, donde el Almirante Nelson perdió un brazo de un cañonazo del cañón denominado “Tigre”, y murió gran parte de la oficialidad de la escuadra expedicionaria, así como muchos marineros. El grupo de desembarco, que al amparo de la oscuridad pudo desembarcar en la cala de las Carnicerías, fue cercado y reducido hasta su rendición en algo más de 24 h. Nelson intentó un 2º desembarco a plena luz del día, pero si de noche les salió fallido, de día no pudieron ni acercarse a tierra. En el museo del Ejército de Santa Cruz de Tenerife (Está casi al final de la rambla, y es de reciente creación)aún se conserva el cañón Tigre, está expuesta la bandera de la fragata Emerald, y una bandera británica grande así como algo de armamento capturado a los ingleses rendidos, a los cuales se les permitió reembarcar con su armamento individual. El almirante Nelson fue el mayor héroe naval de Inglaterra, pero en Tenerife… lo de Tenerife fue una patada en el culo de Milord.

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