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Asociación cultural de Aikidô, arte marcial de origen japonés. Estamos en la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla.

Leonor Dávalos, actitud budoka en la Sevilla del siglo XIV

Leonor Dávalos, una doncella de nobles sevillanos en el siglo XIV, evoca con su muerte una actitud Budo al más puro estilo samurai.

La muerte de Leonor Dávalos es, sin duda alguna, una de las muestras de lealtad e integridad más sorprendentes que podemos encontrar documentada en la historia de Occidente. Una actitud que bien pudiera estar inspirada en el mismísimo código Bushido, pero que se da en la España del siglo XIV, a miles de kilómetros de Japón.

A la muerte del rey de Castilla, Alfonso XI, en 1350, se produce un intenso conflicto que desencadenará en guerra civil entre los partidarios de Pedro I de Castilla, su hijo legítimo, y los partidarios de Don Enrique de Trasmatara, un hijo ilegítimo del difunto monarca. Muchos de los nobles andaluces de la época, que estaban muy descontentos con el rey Alfonso XI, acabaron posicionándose de parte del bastardo Don Enrique. Uno de estos nobles fue Don Juan Alonso Pérez de Guzman, señor de Sanlúcar, nieto de Guzman, “el Bueno” e hijo de Doña Urraca Osorio.

Pedro I acabará derrotando en 1367 a su hermanastro Don Enríque en la batalla de Nájera (La Rioja), viéndose este obligado a huir a Francia. A su vuelta triunfante, Pedro I comenzará la persecución y castigo de todos aquellos nobles que habían apoyado a su hermanastro.

El ya mencionado noble sevillano, Don Juan Alonso Pérez de Guzman, conseguirá huir pero el enfurecido monarca arrestará en represalia a su madre, Doña Urraca Osorio, quien a pesar de declarar su inocencia será acusada por delitos de conspiración contra el rey y finalmente condenada a morir quemada en la hoguera.

La ejecución se llevó a cabo en septiembre del mismo año 1367, en un descampado conocido como La Laguna (actual Alameda de Hércules). Rodeada de soldados y alguaciles llega Doña Urraca hasta el lugar de la ejecución, donde el verdugo procede a atarla al poste central y prende la pira de madera. Una gran multitud presencia la ejecución (costumbre de la época). Entre esta se encuentra Leonor Dávalos, fiel doncella que ha acompañado a Doña Hurraca durante toda su estancia en prisión, no separándose de ella ni un momento.

Mientras Doña Urraca se retuerce de dolor en la hoguera lanzando gritos desgarradores, una corriente de aire y sus desesperados movimientos provocan que se le alcen sus ropas, quedando su desnudez a la vista de todos los presentes, hecho que produce las burlas y mofas de los mismos. Es entonces cuando la doncella Leonor Dávalos, ante las burlas, se lanza a la hoguera para abrazar a Doña Urraca, cubriendo con su propio cuerpo el de su señora y evitándole así el dolor añadido de mostrar la desnudez de sus carnes.

El silencio se hace entre la multitud allí congregada, que presencia estupefacta la muerte de aquellas dos mujeres. Finalmente las cenizas de ambas fueron depositadas en el mismo sepulcro, que se encuentra en el Monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce.

Realmente resulta sobrecogedor ver como la fidelidad y abnegación de Leonor Dávalos pueden hacer que sea capaz de entregar su vida por defender el honor de otra persona. Pensadlo… sólo habría que cambiar nombres de personas y lugares para que esta historia fuese una leyenda samurai del Japón tradicional.

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