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Asociación cultural de Aikidô, arte marcial de origen japonés. Estamos en la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla.

El Honor del Auténtico Guerrero

El honor es una de las Siete Virtudes del Bushidō pero no siempre hay que recurrir a los guerreros samurai para encontrarlo. Un artículo de Francisco Trigo Romero:

La guerra y el conflicto son constantes en la Historia humana. Pese a que la guerra es un desastre de proporciones terribles, resulta llamativo que en diferentes épocas y lugares se haya llegado por parte de los contendientes a desarrollar y seguir un código que perseguía la dignificación de la práctica bélica, y más importante aún, la preservación de la humanidad de los guerreros. No se trata de convertirse en una “máquina de matar” desprovista de emociones, sino de ser un guerrero que pelea según un código ético, que tal vez sea lo único que le permita poner su conciencia en paz tras las tremendas emociones y atrocidades que depara la guerra. El Budo japonés es uno de estos códigos, pero evidentemente no el único.

La Segunda Guerra Mundial está llena de anécdotas y memorias de soldados de todos los países participantes en los que queda patente esta actitud. Uno de esos casos fue protagonizado por un piloto norteamericano y otro alemán sobre los cielos del norte de Alemania a finales de 1943.

Uno de los pilotos era el teniente Charles L. Brown, de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. El 20 de diciembre de 1943, en plena campaña de bombardeos aliados sobre Alemania, estaba a los mandos del B-17 Ye Olde Pub, regresando de una misión de bombardeo de una fábrica de aviones en Bremen. La fortaleza volante, que había sufrido el fuego antiaéreo de lleno, se encontraba en un estado calamitoso, con daños muy serios en motores, fuselaje, cabina y estabilizadores de cola, mientras que la tripulación se hallaba en unas condiciones lamentables: el artillero de cola muerto, seis tripulantes heridos (uno de ellos el propio Brown) y tres incólumes, pero sufriendo como los demás el frío terrible que entraba por los agujeros del fuselaje y la cabina, y el miedo a que en cualquier momento el aparato se precipitara y acabara con todos. Para colmo de males, los instrumentos de navegación estaban afectados por el fuego enemigo, y el avión volaba en dirección errónea, internándose en Alemania.

El bombardero aliado pasó en su vuelo sobre un aeródromo militar alemán, y en ese momento entró en escena el segundo protagonista: el as de la Luftwaffe Franz Stigler, que despegó su caza Messerschmitt Bf-109 para derribar el avión incursor. Al acercarse al B-17, Stigler pudo observar el estado del avión enemigo y sus tripulantes, y decidió no sólo que no lo derribaría, sino que lo escoltaría para ponerlo en rumbo adecuado para que regresara a su base, si podía mantenerse en vuelo. El alemán se situó a la vista de los aterrados ocupantes de la cabina del bombardero, e hizo señas con las manos para indicar que debía cambiar de rumbo. Cuando consiguió hacerse entender, escoltó hasta el Mar del Norte a su enemigo. Entonces se despidió y regresó a su base, donde informó de que había derribado el B-17 sobre el mar. De haberse sabido lo que realmente había ocurrido, hubiera sido sometido a consejo de guerra y, con toda probabilidad, fusilado.

Los pilotos Franz Stigler y Charlie L. Brown :: Munen Do Aikido Sevilla

Los pilotos Franz Stigler y Charlie L. Brown :: Munen Do Aikido Sevilla

Stigler había servido en el frente del Norte de África a las órdenes de otro as, Gustav Rödel, que tuvo una profunda influencia en su vida durante y después de la guerra. Rödel y muchos otros pilotos de su generación habían crecido con las historias de los “caballeros del aire” de la Primera Guerra Mundial: hombres como los legendarios Eddie Rickenbacker o Manfred von Richthofen, que se miraban a los ojos en las alturas y cuyo código les impedía disparar a un enemigo que ya estuviera tocado y cayendo. Inculcó a Stigler la idea de que se podía sobrevivir físicamente a la guerra, pero que para sobrevivir moralmente se debía combatir con honor y humanidad. Rödel le había dicho: “El honor lo es todo aquí. En primer y último lugar, y para siempre, usted es piloto de combate.” A continuación añadió: “Si alguna vez me entero de que ha disparado a un paracaidista, le pegaré un tiro yo mismo. Se siguen las reglas de la guerra por uno mismo, no por el enemigo. Uno lucha según las reglas para mantener su humanidad.

Aquel código de honor guerrero salvó la vida de los tripulantes del Ye Olde Pub, que pese a sus daños logró regresar a Inglaterra. Brown consiguió encontrar a Stigler en 1990, tras algunos años de búsqueda. Al reunirse, le hizo la pregunta que llevaba intrigándolo casi medio siglo: ¿Por qué no abatiste el Ye Olde Pub? Stigler le explicó que no había honor alguno en derribar aquella nave destrozada e indefensa. Según sus propias palabras: “No podría haberles disparado, pues hubiera sido lo mismo que dispararle a un piloto colgando de un paracaídas.

Hay guerreros honorables, y Franz Stigler fue uno de ellos. Fue condecorado con la “Orden de la Estrella de Paz” por la Federación de Excombatientes Aliados en Europa por su acto de caballerosidad el 20 de diciembre de 1943. Es el único piloto de la Luftwaffe distinguido con este honor. Tanto Brown como Stigler murieron en 2008, con pocos meses de diferencia, y sintiendo un profundo lazo de camaradería.

 
Francisco Trigo Romero
Profesor de Historia y Geografía en Enseñanza Secundaria
Vélez-Málaga, Málaga

3 Comentarios

  1. Increible nunca dejo de sorprenderme…es como la historia de la guerra de los estados unidos; cuando uno de los mandos al escuchar los gritos de un soldado herido, del bando contrario; fue ayudarlo y para su sorpresa era su hijo que cuando estallo la guerra se había alistado en el sur;comprobó que tenía en el bolsillo unas notas que el mismo escribio y mando tocarla…Y De aquí viene el toque de silencio; creo que es.

  2. Increíble y Maravillosa Historia. Da gusto enterarse de q en uno de los horrores más grandes de la Humanidad… la Guerra existen hombres con Honor cuando do lo fácil en ese ambiente es ….todo lo contrario.
    gracias por compartirlo Alex.

  3. Me ha emocionado tu historia amigo mio. Y ha sido una lección de vida.
    Gracias por tu colaboración y por reavivar esa energía que tenían nuestras charlas trasnochadas de juventud.

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